La Santa Puerta Este

Avenida de Altamira, 11 · 41020 Sevilla
Teléfono 602 64 31 93

Cuentan la leyenda que una Santa de tierras hispanoamericanas, portadora de un espíritu místico y una fuerza interior indomable, cruzó el Atlántico con su altar de sabores —mezcal, ají amarillo, lima— y la tradición de honrar cada momento con una copa. En Sevilla descubrió las antiguas abacerías, templos del buen vivir donde el vino se sirve con respeto, los maridajes se cuidan con mimo y la conversación es sagrada. Allí encontró su sitio. No cambió, se mezcló: unió la calidez hispanoamericana con la solera andaluza. Así nació La Santa, un lugar para los que creen en la fe del sabor, el culto al buen rato y la devoción por los pequeños placeres. Al frente de este local con apenas un año de vida, que en su origen fue bar de copas y brunch, se encuentra Alejandro Rodera, un joven sevillano criado en Parque Alcosa, bartender de corazón y también propietario de La Suite, uno de los bares de cócteles referentes en Sevilla Este. A partir de ahora, la propuesta gastronómica cuenta además con el asesoramiento de mi amigo Abel Martín, sumando oficio y creatividad a una experiencia diferente.

La decoración refuerza ese concepto: un gran mural que fusiona la imagen de la Virgen con la estética de una catrina mexicana domina el espacio interior. Una figura femenina de mirada profunda, rostro pintado y flores vibrantes rodeándola, que aporta un aura mística, espiritual y festiva. El resto del mobiliario, sencillo y minimalista, con mesas de madera clara, sillas negras y pequeños detalles florales, equilibra la fuerza del mural. A la izquierda se encuentra la barra con algunos bancos altos, que conecta con el ambiente del local; un espacio pensado para los incondicionales del tapeo de pie. Como contrapunto, el espacio se abre a una enorme terraza cubierta, rodeada de jardines, con zonas de juego para los más pequeños y espacios peatonales libres de coches, pensada para disfrutar en familia o en pareja con tranquilidad.

Una carta juguetona y atrevida que convierte lo cotidiano en rito, con bocados que viajan entre lo sagrado y lo profano. Bajo el concepto de “La Santa vitrina”, aparecen propuestas como la gilda pecadora o la gilda canalla (2,5 €), la santa ensaladilla o la papa de la mamá (4,5 €), recetas caseras firmadas por Rafi Correa, madre de Alex. Entre “los santos compartidos” destacan los nachos picantones, el guacamole de la capital o el sorprendente steak tartar de salchichón ibérico (8,5 €). En “La santa mesa” la fusión alcanza su punto álgido con platos como la arepita del cazador, la torta de gloria con sobrasada y queso azul, el taco celestial de menudo, el hummus de la tierra con chícharos y remolacha, la causa limeña de pulpo, la papa mejillón en escabeche, las sincronizadas La Santa (5 €), el ceviche de navajas o el tiradito Paraíso Perdido de salmón (8 €). Una propuesta de cocina non stop, que mezcla sabor, rito y encuentro. La bodega suma hasta 35 referencias de vino, con generosos como la Manzanilla Classic FDC (3,50 €), Manzanilla Velo Flor (6,00 €), Fino en Rama (4,00 €) o Palo Cortao Gran Barquero (5,00 €); espumosos como Stars Touch Rosé (4,50 €) o Raventós Basagoiti Inicial (5,50 €); blancos como José Pariente (3,50 €), Quintaluna (5,00 €) o Pazo de Vedoría (4,50 €); y tintos como Colonia 40 (5,00 €), Iceni (4,00 €) o La Vanidosa (3,50 €), entre otros. Todo ello acompañado por una extensa carta de cócteles de autor, perfecta para abrir boca, alargar la sobremesa o disfrutar del tardeo.

Los domingos tienen su propio ritual en La Santa: ahora, con el buen tiempo, son de arroz; cuando llegue el invierno, se transformarán en guisos. Una costumbre que cambiara con la estación, pero siempre conservando el sabor de lo compartido. En definitiva, La Santa combina la iconografía mariana tan arraigada en Sevilla con la figura de la Catrina mexicana: un símbolo de raíz y de mestizaje, de devoción y celebración. Mi virgen, mi santa, mi madre. Un concepto profundamente sevillano que honra la fusión de culturas, la fe en el sabor y la liturgia de disfrutar cada instante como un pequeño milagro. La mesa como altar, el sabor como fe. Lo cierto es que nos ha encantado. Tenéis que conocerlo.

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