Tasca Paquito Pucheros

Calle Torneo, 68, Casco Antiguo, 41002 Sevilla
Teléfono: 620 22 35 17

En el panorama gastronómico actual, hay corrientes que nacen en enclaves creativos como Brooklyn, Shibuya o Kreuzberg y que, con el tiempo, cruzan fronteras para dar forma a nuevos conceptos. Una de las más sugerentes es la de aquellos espacios que durante el día ofrecen cocina de cuchara, sopas del mundo, potajes o recetas caseras, y que al caer la noche se transforman en bares con caldos más profundos, matices picantes y una atmósfera completamente distinta. Este juego de identidades, que podría parecer anecdótico, se ha consolidado como un modelo cada vez más extendido: desde casas de comidas que evolucionan en propuestas nocturnas efímeras, hasta cocinas que adaptan su alma según el servicio. Lejos de ser una rareza, responde a una lógica sólida: los fondos y guisos elaborados durante la mañana encuentran una segunda vida durante la noche, dando lugar a una propuesta coherente, sostenible y con una personalidad muy definida. Y, sobre todo, eficaz: en ciudades con fuerte identidad culinaria, estos espacios no tardan en convertirse en auténticos lugares de referencia. Sevilla no podía quedarse al margen. El equipo, liderado por Jota Leirós, lo tuvo claro desde el principio: la chispa surgió durante un viaje a Tailandia, donde comprobaron cómo un mismo local podía transformarse por completo entre el servicio de mediodía y el de noche. Y pocas ciudades parecían más adecuadas para trasladar esta idea que Sevilla, con su ritmo propio, su vibrante vida nocturna y su arraigada pasión por la buena mesa. En paralelo, Jota ha desarrollado, y continúa desarrollando, una suerte de tratado contemporáneo del cocido, recopilando recetas de todo el país para dotar a la propuesta de una identidad rica, diversa y profundamente personal.

El nuevo proyecto del grupo Lola por Dios, recupera el histórico local de Los Vázquez, dentro de un edificio firmado por Aníbal González y durante décadas emblema de la vida tabernaria sevillana. La intervención ha sabido encontrar el equilibrio entre memoria y renovación: una reforma que no borra el pasado, sino que lo ilumina, lo ordena y lo proyecta hacia el presente. El espacio respira autenticidad. Se han preservado materiales clave como los azulejos de Mensaque, el ladrillo visto y las maderas con pátina del tiempo, que dialogan ahora con una estética más limpia y luminosa. La barra de mármol, protagonista indiscutible, articula un interior cálido donde conviven guiños tradicionales con acentos contemporáneos. Los detalles portugueses introducen un contrapunto visual sutil, aportando textura y personalidad sin romper la coherencia del conjunto. Con unos 60 metros cuadrados y techos generosos, el local se abre al exterior a través de grandes ventanales que conectan directamente con una amplia terraza. Este desahogo hacia la calle refuerza su vocación social: un lugar pensado tanto para el vecino habitual como para el visitante curioso, donde lo clásico y lo actual conviven en un equilibrio casi natural, como si siempre hubiera estado ahí.

Paquito Pucheros rinde culto a la cocina de cuchara y a los guisos que evocan hogar, funcionando al mediodía como una tasca tradicional y, por la noche, como un espacio más abierto a influencias viajeras. Una cocina que se mueve con naturalidad entre lo reconocible y lo inesperado. La propuesta arranca con una línea de aperitivos reconocibles y afinados: ensaladilla (4,5 €), gildas en distintas versiones, tomate vasco con bonito y antxoa (4,5 €), patatas chips (2,5 €) y aceitunas (2,5 €). Al mediodía, el protagonismo es absoluto para el puchero y los cocidos: puchero de manual (4 €), cocido de berza (4 €), gallego (4 €) o montañés (4 €), junto a la experiencia más completa del cocido en vuelcos, con el cocido de la casa en tres pases (15 € de lunes a viernes y 20 € fines de semana). Su propuesta de noche juega con el contraste: noodles, secos o caldosos, que parten de fondos y sabores profundamente españoles, donde la intensidad de los guisos se equilibra con matices picantes y toques frescos. Como sus extraordinarios raviolis de pringá en caldo (5,5 €), noodles caldosos castizos con fondo de jamón (8,5 €) y noodles secos con chispa picante y toques frescos (8,5 €), que condensan ese diálogo entre culturas. La barra se completa con una sección de montaditos y pinchos, cubanito de chicharrón “vietnamita” (4,5 €), ropa vieja con tomate (4,5 €) o bikini de sobrasada o de pringá y queso ahumado (3,5 €), y una rotación constante de guisos de cuchara: carrillera estofada, chicharrones enchilados o el guiso del día (desde 4 €), siempre con el fondo como protagonista. El cierre lo ponen los postres, donde la tradición vuelve a tomar la palabra: tulipa de chocolate con tocino de cielo y milhojas con nata tostada, el broche dulce de una casa que transita sin complejos entre la memoria y el viaje.

Y cuando el invierno dé paso al calor sevillano, Paquito Pucheros volverá a girar sobre sí mismo: menos cuchara, más producto, una inspiración portuguesa con estofados más secos, arroces y entrantes llamados a quedarse, montaditos con mucha salsa, cubanitos de carrillera, carne con tomate, pringá con queso ahumado o salmón marinado con stracciatella y agave. Siempre con la misma idea de fondo: tradición que se mueve, cocina que viaja y un lugar donde comer también es una forma de estar. En conclusión, la propuesta resulta original porque sorprende sin forzar, divertida porque invita a descubrir dos restaurantes en uno, y exquisita porque no descuida lo esencial: producto, técnica y sabor. Tasca y Casa de comidas, cuchara y viaje, memoria y modernidad. Una combinación poco habitual en Sevilla que demuestra que la cocina popular aún tiene mucho margen para reinventarse sin perder su alma. Lo cierto es que no ha encantado. Gracias a Jota y todo el equipo por su hospitalidad. Mucha suerte en este interesante proyecto.

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